5 recuerdos y 30 años sobre la bicicleta

Nunca fui un deportista, ni aspiré a serlo. Por lo mismo, no fui ciclista competitivo. Mis experiencias sobre una bicicleta han sido por la diversión y la sensación de libertad que siempre me ha generado. Por eso hoy quise registrar 5 recuerdos en los que la bicicleta ha sido la protagonista de mi vida. 


1. 1989-1990, Parque de Los Pinos, en Cúcuta.
Tendría entre 8 y 9 años. Cualquier tarde de esos años, gastaba mi tiempo corriendo, trepando árboles, jugando fútbol en la cancha de cemento del parque o rodando en mi bicicleta de "Cros Monar" azul celeste de freno contrapedal. La Monark con freno Coaster.


bicicleta monark
Parque de Los Pinos Cúcuta


Siempre me pareció que mis padres había comprado una bici gigantezca y estaba muy orgulloso, porque la tuve por varios años sin sentir que me quedaba pequeña.
Mi recuerdo más frecuente sobre la "Monar" es trepando las montañas de arena que se hacían por las construcciones vecinas de esa época. Sin embargo, el que tengo más vívido, fue el momento en que aprendí la importancia del freno.

Un día iba avanzando intrépido, siempre hacia adelante, seguro de mi dominio con mi nueva amiga. "De la nada" aparecieron unos subeybajas en mi camino, entre en pánico, olvidé cómo frenar y salté como en una película. Solo un susto y una gran anécdota quedó para toda la vida.

2. 1999-2000, Las Lomas de Pilarica en Medellín
Primeros años de mi vida universitaria. Una bici todoterreno amarilla. La primera de ese tipo que conocía.
Recuerdo intentar rodar entre el barrio Altamira, en la parte alta de la loma occidental de Medellín y el campus de El Volador de la Universidad Nacional de Colombia en la parte baja de Medellín. Delicioso descenso de unos cuantos minutos, recibiendo la brisa fresca de el cerro El Volador en toda la cara.


Lomas Pilarica Medellín
Seguridad bicicleta
Recuerdo también, la frustración de intentar regresar en mi bicicleta de cambios que no funcionaban adecuadamente y tener que bajarme y seguir caminando hacia arriba con la bicicleta en la mano.
Entre esos primeros años de vida, recuerdo grandes baches donde la bicicleta simplemente no estuvo en mi radar, no me interesó. Supongo que otras cosas llamaron poderosamente mi atención. Supongo que logré la diversión que buscaba de otras maneras. Pasaron baloncesto, la música, el fútbol, Corales y el Rugby.

3. 2008-2009, Bogotá, Chapinero y El Lago
Habitaba en mi interior una dulce nostalgia por las épocas de rodar en bicicleta. Hacía ya unos años que sentía que era un asunto pendiente en mi vida. Bogotá, mi nueva ciudad de geografía plana y promotora de las ciclorrutas, se presentaba como la oportunidad perfecta para resolverlo.
Mi novia de ese momento, supo todo esto y logró encontrarme una bicicleta todoterrreno prácticamente igual a la que había tenido en la universidad. La sensación de felicidad fue indescriptible. Creo que todos la han sentido, cuando reciben un regalo que deseaban con todos sus sentidos.
Mi ruta de la época: Salía del Parque de la Cra 9 con calle 60 hacia el norte, bordeaba la Iglesia de Lourdes y seguía por la Cra 13 para tomar la Cra 11, hasta llegar a El Chicó y de allí me desviaba hasta llegar a la Cra 15 donde quedaba mi oficina.
Iglesia Lourdes Bogotá
Ciclorruta Bogotá
Empecé a saborear lo que significaba ser ciclista urbano, en una ciudad con serios problemas de movilidad, que desde esa época solo han empeorado. El idilio duró poco. Los amigos de lo ajeno, no dejaron.

4. 2012, Rigo
Un sábado 28 de Julio a las 9 de la mañana aproximadamente, siguiendo las recomendaciones de compañeros de trabajo, empecé a seguir la competencia de ciclismo de los Juegos Olímpicos. Por Colombia corrían los jóvenes Fabio Duarte, Sergio Henao y un tal Rigoberto Urán. La historia cuenta que Rigo perdió en el sprint final con Vinoukourov la medalla de Oro. La verdad es que Colombia ganó una medalla de plata que no estaba en las cuentas de nadie.
MI pasión ciclista tuvo un impulso fundamental.
Rigoberto urán olímpicos londres

5. 2019, El percance
La noche previa a la conmemoración del Día de trabajo, estoy preparando una cena especial. La receta escogida, Melanzane alla Parmigiana o una lasaña de berenjenas. Son las 7 pm.
Mellanzane
La clave de esta receta según leo, es quitarle el amargo a las rodajas de berenjena que son las que forman las capas de la lasaña. Esto se logra poniendo las rodajas con capas de sal y presionándolas con un plato.

Termino de cortar las rodajas y de poner la sal para quitar el amargo y caigo en cuenta que no tengo suficiente queso mozzarella para completar la receta.
Se que mi invitada es super cumplida y que la cena no va a estar a punto para cuando ella llegue. La cena a punto para mi, es que al llegar la invitada no pasen más de 5 minutos para que pueda hacer el ritual de retirar la comida del horno y servir. Así la atmósfera queda cargada con los aromas de la comida.

Pensando que no voy a poder terminar la receta a tiempo si salgo en carro, pido un domicilio o voy caminando a comprar el ingrediente que me hace falta, tomo la decisión más razonable y rápida: La Bici.

Salgo de mi casa feliz de tener casi todo bajo control para mi invitada. En 10 minutos exactos estaré de regreso y tendré la receta completa. Avanzo un cuadra y cruzo a la izquierda bordeando siempre el andén. Es una noche fresca en Bogotá pero no hay luna. Es menguante.

Dos cuadras más adelante todo se vuelve borroso, entro en un loop infinito de preguntas sin respuestas. De ruidos, agitación, gente desconocida hablándome. Siento fluir sangre en mi nariz. Siento sangre en la boca. Mi mayor miedo se vuelve realidad: Siento que estoy escupiendo pedazos de dientes.

Asfalto

 

No entiendo que está pasando y no lo entendí hasta 1 día después cuando salgo de la sala de cirugía con 20 puntos en diferentes partes del rostro y 3 dientes menos.

Entiendo que hubo un policía acostado no demarcado, en una calle donde no hay alumbrado público. Entiendo que tropiezo de frente con mi bicicleta y caigo sobre un banco de grava que una volqueta dejó caer porque también se tropezó con el mismo resalto. Entiendo que el golpe seco lo recibió mi cabeza, que no pude reaccionar y que había completado casi 1 día inconsciente.

Entiendo que estoy contando esta historia de milagro.

Cuando cuento esta historia, muchos me hacen la misma pregunta: ¿Y porqué no llevaba casco? Siempre respondo lo mismo: "Rodar en bicicleta es tan peligroso como caminar en la calle, si vas por las rutas seguras. En este caso, la tienda está en mi barrio a 5 cuadras de mi casa y prácticamente no hay tráfico.

¿Debí hacerlo? Hoy, aún después del accidente, siento que no era necesario. Usé la misma ruta de siempre y con la misma precaución de siempre. A veces, las cosas pasan y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.

Una vez respondido, el siguiente cuestionamiento es: ¿ Y vas a volver a montar en bicicleta?, mi sentencia es lapidaria: 

LA BICICLETA NO TIENE LA CULPA DE LA ESTUPIDEZ HUMANA!

Hoy es 1 de Julio, y han pasado 2 meses desde mi accidente. Mañana inicio nuevamente a rodar, a construir nuevas historias.

Tienen algún comentario? Les ha pasado esto en sus vidas?

Cuéntenme en los comentarios.

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