La bici, una inspiración para mezclar el emprendimiento y la sostenibilidad

En julio de 2012, contra todo pronóstico, Rigoberto Urán ganó la cuarta medalla de plata para Colombia en unos Juegos Olímpicos, y con esa hazaña, contribuyó al boom del ciclismo en el país. A partir de ese día, se incrementaron las ventas de bicicletas, el número de personas pedaleando en las calles los fines de semana y la cantidad de usuarios convencidos de encontrar en estas, un medio de transporte efectivo, saludable y limpio.

Pero aquella victoria de Urán significó mucho más para Álvaro Cuesta, protagonista de esta historia: fue su punto de partida para apostarle al emprendimiento. Para esa fecha, ya llevaba tres años practicando el deporte como aficionado, pero fue hasta ese momento que vio en él una oportunidad de negocio.

El emprendimiento ya era un viejo conocido de Álvaro, quien vendió comida en la universidad y luego, como profesional, creó varias empresas que no lograron estabilizarse. Esta vez, en el mercado del ciclismo, empezó con un modelo de importación de indumentaria. Al comienzo, "era rentable porque el cambio del dólar daba buenos márgenes, pero luego el dólar subió y se volvió casi imposible seguir importando". Además, empezó a leer sobre la industria textil china y, al compararla con la nacional, "algo no empezó a cuadrar".

Con muchas preguntas en la cabeza y un negocio estancado, se fue a vivir ocho meses a Europa. Visitó varios países, entre ellos Holanda, donde se encontró con lo que, para él, era el futuro de la movilidad. "En ese país les expropiaron las vías a los carros. Ves las autopistas llenas de personas movilizándose en bicicleta de lado a lado”.

Durante su estadía en Europa, Álvaro visitó varias ferias empresariales dedicadas a la bicicleta y su uso en la ciudad, y quedó deslumbrado. "Era como si hubieran despiezado la bicicleta y cada una de las partes tuviera cientos de oportunidades de negocio, pero pensados de forma sostenible, involucrando conceptos como la durabilidad del producto para acabar con lo desechable y el tipo de materias primas utilizadas en su elaboración", cuenta.

El verdadero negocio

Al regresar a Bogotá, con ideas nuevas y lleno de energía, habló con su hermana —su socia en la empresa de importación de indumentaria— y la convenció de empezar de nuevo, pero esta vez con una idea clara: incentivar una movilidad sostenible en las ciudades.

Lo primero que hicieron fue investigar los ciclistas urbanos de Bogotá, y de esa manera se dieron cuenta de dos detalles: estos no se sentían cómodos con las cosas que usaban para cargar y, su mayor preocupación era un accidente (no el clima, como muchos creerían).

Con esto en mente, empezaron a trabajar en un concepto de morral que hiciera sentir más seguros a los ciclistas y que, a la vez, fuera cómodo. ¡Y así nació URBX Morrales Urbanos! El gran reto fue fabricar productos con el mínimo impacto en emisiones de carbono, pues esto implicaba que tanto la distribución como la confección, eliminará o redujera al máximo el transporte.

Así pasaron de importar de China a trabajar con materias primas 100% colombianas de la mejor calidad y fabricar sus propios productos con artesanos del barrio marroquinero Restrepo (Bogotá). Luego, resolvieron la percepción de inseguridad que tienen las personas durante el pedaleo con un panel delantero reflectivo que las hiciera visibles en las calles, además de un diseño minimalista y clásico que les incrementara su comodidad.

Hoy, cuatro años después de iniciar con esta idea de negocio sostenible, y ocho años después de la medalla de plata de Rigo, URBX se ha posicionado en el mercado de morrales como una marca que le apuesta a la movilidad segura y sostenible en las ciudades. “A las personas les gusta lo que ven, pero les gusta mucho más lo que representa. Se dan cuenta que vale la pena cuando conocen cómo los elaboramos y que son un producto 100% colombiano”.

Además, explica Cuesta, “lo más gratificante de nuestro trabajo es ver que cada vez más personas están cambiando su forma de transportarse en las ciudades por una más amigable con el Planeta. Esto significa que sí es posible imaginar un futuro donde consumamos de forma responsable y pensemos en el bienestar de la naturaleza”, concluye.

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