Salvándome de un accidente en bicicleta

Hace un tiempo, recuerdo haber tomado un taxi para trasladarme hacia un hotel en Cartagena, en una vía no demasiado iluminada que conecta el perímetro urbano con la zona de Morros. Era una noche fresca, el taxi iba rápido, ya que no había demasiados carros, la brisa se colaba por la ventana y creía percibir la maresía con todo el ensueño romántico de un par de días vacacionales en la playa.


Estaba logrando perderme en mis pensamientos cuando de repente, el taxi viró con mucha destreza para esquivar un ciclista, que, gracias a la enorme habilidad del conductor, (cuya educación demostró al no proferir ningún insulto más allá del muy trillado “¡Éstos ciclistas!”), resultó ileso, y no quedó en mi memoria como el peor recuerdo vacacional de la historia.




Los tiempos de reacción de un conductor pueden variar ampliamente, pero (ya sea para reducir la velocidad del automóvil o alejarse) generalmente toma entre 1,25 y 2 segundos. Un automóvil a casi 50 Km/h avanzará alrededor de 18 m en esos dos segundos.

Peor aún, esos tiempos de reacción son para un conductor sin distracciones. Si mi querido taxista hubiera decidido desbloquear el celular, leer algún mensaje, cambiar la música, o simplemente chequear el waze, la historia sería completamente distinta.


Aunque la mayoría de los ciclistas atribuyen los accidentes a la falta de atención del conductor, no es tan descabellado pensar que su coloquial justificación “Es que no lo vi” sea cierta. los ciclistas tienden a sobrestimar su propia visibilidad durante el día, pero particularmente durante la noche.


Entonces, parte de la razón por la que los conductores no ven a los ciclistas podría deberse a que no los están buscando, o a que están atentos a otros estímulos en la vía, y a que los ciclistas piensan que son más llamativos de lo que realmente son.




Por la noche, el exceso de confianza es un problema mayor. Los conductores no requieren mucha luz para tener conciencia espacial y moverse en la vía, pero sí para darse cuenta de los detalles que pasamos por alto por la falta de luz.

Los dos factores clave sobre los que los ciclistas tienen cierto control en lo que respecta a la visibilidad son la creación de contraste, lo que nos ayuda a destacar de nuestro entorno; y crear una sensación de movimiento para estimular un reconocimiento más rápido.


De día, el material fluorescente refleja la luz ultravioleta no visible en el espectro visible, lo que lo hace lucir un 200 por ciento más brillante a la luz del día que los colores convencionales. Por la noche, la mejor opción para la visibilidad cambia al uso de material reflectivo, que brilla con luz artificial.


Un estudio de 2012 realizado encontró que los conductores identificaron correctamente a un ciclista que llevaba un chaleco reflectante el 67 por ciento de las veces; la tasa saltó al 94 por ciento cuando se agregaron reflectivos de tobillo y rodilla.

Una cosa para recordar es asegurarse de tener suficiente material reflectivo. Para crear contraste, el material debe ser lo suficientemente grande para llamar la atención y resaltar del fondo. Y no olvides tus ruedas, "Los neumáticos con reflectivo son más efectivos que la ropa en algunos casos", dice Michael Browne de Trek.



En resumen, para asegurarse de ser visto de noche tenga en cuenta esta terna inseparable: iluminación adecuada, material reflectivo en ropa y/o en la bici y ropa clara, de este modo no quedará para siempre en las pesadillas de un turista que iba en un taxi a disfrutar de sus vacaciones soñadas y apareció de la nada un ciclista invisible.

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